miércoles, 29 de enero de 2025

A QUITO LE QUITARON EL AGUA

Desde 2020, el Distrito Metropolitano de Quito ha enfrentado una crisis en el suministro de agua potable que afecta a más de medio millón de personas. Esta situación ha sido provocada por diferentes factores, entre el deterioro de la infraestructura, el crecimiento urbano, el cambio climático y la crisis energética. A esto se suman el aumento de tarifas y la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades. Durante el período 2020-2024, la cobertura de agua potable ha mostrado una disminución progresiva, pasando del 98,82% en 2020 al 97,96% en 2023, con una leve recuperación al 98,3% en 2024.

Uno de los problemas más graves son los viejos sistemas de agua. De los 7.784 kilómetros de tuberías que conforman la red de distribución, aproximadamente 352,98 kilómetros requieren reemplazo urgente. Este deterioro provoca un desperdicio del 25% del agua tratada, generando fugas constantes y una reducción en la cobertura del servicio. En 2024, se registraron en promedio 62 incidentes diarios relacionados con fugas e interrupciones en el suministro.

Los cortes de electricidad que afectaron al país en 2024 teniendo una duración de 12 horas diarias impactaron directamente el funcionamiento de las plantas de tratamiento y estaciones de bombeo, limitando la capacidad de distribución de agua potable.

El crecimiento urbano también ha puesto a prueba los límites del sistema de distribución. Barrios como Calderón y Carapungo reportan interrupciones prolongadas que afectan al 35% de sus moradores. Este desequilibrio entre demanda y capacidad de suministro destaca la necesidad de mejorar la red de distribución de agua.

Las lluvias torrenciales de 2022 también fueron clave en esta crisis, ya que desbordaron la capacidad de las plantas de tratamiento, afectando gravemente la provisión de agua potable. La infraestructura no estaba preparada para resistir eventos climáticos extremos, lo que generó problemas adicionales en el servicio.


Impacto Económico y Social

Desde 2020, los hogares han enfrentado un incremento anual promedio del 15% en las tarifas de agua potable, lo que ha causado inconformidad en la comunidad, especialmente en sectores de bajos ingresos. A pesar de las quejas constantes, solo el 40% de los reclamos presentados han recibido una solución por parte de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS). Esta situación ha aumentado la desconfianza ciudadana en las instituciones responsables del servicio.

El impacto social de la crisis es evidente. En barrios alejados, las familias deben caminar largas distancias para recolectar agua o recurrir a camiones cisterna. María C., residente de Calderón, afirma: "Caminar kilómetros para recoger agua se ha vuelto parte de nuestra rutina". En La Ecuatoriana, vecinos han optado por almacenar agua en tanques improvisados. "Es frustrante no saber si tendrás agua mañana. Planificar tu día se vuelve imposible", comenta Juan P., padre de dos hijos.

Estrategias y Soluciones Propuestas

Foto: Mantenimiento de tuberías de agua potable-Quito
A pesar de estos desafíos, existen estrategias viables para mitigar la crisis. La modernización de la infraestructura es una de las principales prioridades, incluyendo la renovación de tuberías y válvulas deterioradas para reducir las fugas y mejorar la eficiencia del sistema. Asimismo, es fundamental implementar sistemas de captación de agua de lluvia y reservas hídricas que permitan abastecer a la población en períodos de escasez.

El consumo mensual promedio por usuario en 2024 fue de 18,89 metros cúbicos, lo que indica una tendencia hacia un uso más eficiente del recurso. Sin embargo, la crisis energética ha demostrado la necesidad de invertir en fuentes de energía alternativa para garantizar el funcionamiento ininterrumpido de las plantas de tratamiento.

La EPMAPS ha desarrollado el Plan Maestro de Agua Potable y Alcantarillado proyectado hasta 2040, buscando asegurar la sostenibilidad del servicio mediante la optimización de procesos y una mejor planificación organizacional. No obstante, para que este plan tenga éxito, es crucial una mayor inversión gubernamental. Fortalecer la comunicación entre las autoridades y la ciudadanía es clave. Iniciativas comunitarias que promuevan la participación activa en la toma de decisiones pueden ser fundamentales para mejorar la distribución del agua en la ciudad.

La crisis del agua en Quito no es solo un problema técnico, sino una urgencia social y política que afecta la calidad de vida de los quiteños. La ligera recuperación en la cobertura en 2024 no oculta la necesidad de medidas estructurales y sostenibles. La inversión en infraestructura, el uso eficiente del recurso, la planificación estratégica y la participación ciudadana es clave para garantizar que el agua deje de ser un privilegio.

El futuro del abastecimiento de agua en Quito dependerá de las decisiones que se tomen hoy. Si las autoridades y la ciudadanía trabajan juntas, esta crisis podría convertirse en una oportunidad para transformar el sistema y asegurar el acceso equitativo y sostenible de este recurso vital.